LA BRUJA DE LOS GATOS

Un cuento de Elba Hernández

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LA BRUJA DE LOS GATOS

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LA BRUJA DE LOS GATOS

Elba Hernández Díaz

Era una familia de cuatro: mamá, papá y las dos hijas, que estaban por llegar a su mayoría de edad. La vida cotidiana y tranquila de las dos hermanas tuvo de pronto un cambio radical e inesperado: la madre sorprendió a sus hijas con la noticia de que un nuevo bebé venía en camino. La noticia trajo júbilo a la pequeña familia.

El llanto de la recién nacida rompió el silencio en un atardecer lluvioso, justo cuando un brillante sol hacía que las gotas de lluvia parecieran pequeños focos luminosos: —¡Lluvia con sol! —exclamó la comadrona—. Buenos augurios cubrirán a esta recién nacida... Ella será especial.

Vanessa fue el nombre designado para la pequeña. Su bautizo fue en la pequeña capilla del pueblo. La pequeña Vane se fue desarrollando en solitario; sus hermanas tenían intereses que las alejaban de ella la mayor parte del tiempo.

Vanessa mostró siempre un carácter retraído, sumergida en sí misma. Creciendo en silencio, a sus diez años falleció su padre, dejando en ella muchas interrogantes y un gran vacío.

Pasados unos años, las hermanas formaron sus propias familias y Vane se quedó con su madre. Cuando la niña cumplió 12 años, su mamá quiso hacerle un regalo especial.

—¿Qué es lo que más deseas que te regale, hija?
—¡Quiero que me regales un costurero y muchos trocitos de tela multicolores! —exclamó Vane con una hermosa sonrisa pocas veces vista en ella.

La costurera del pueblo le proporcionó una gran cantidad de telas de colores variados y retazos estampados: lunares, rayas, flores y cuadros. Vane comenzó a ser inmensamente feliz con su costurero, tijeras, agujas y alfileres.

Su rostro se iluminaba con el "triz—traz, zipi—zipi" de las tijeras al cortar las telas. Los ojos de Vane emitían una luz intensa en su soledad creadora.

Los otoños del tiempo transcurrieron. Su madre trascendió en silencio, dejando a su hija dueña absoluta de su destino. Una mañana, Vanessa colocó un candado en la puerta y se alejó con un sombrero rojo de copa torcida.

Sobre sus hombros llevaba su inseparable costurero y siete gatos caminando como guardianes leales a su lado, despidiéndose del pueblo para siempre.

—¿Qué rumbo debo tomar? —se preguntó ante una encrucijada de tres caminos. Con el espíritu libre de su infancia, levantó su dedo índice:

"De tin marín de don pingüé, cucara macara, títere fue..."

Sonriendo, enfiló sus pasos hacia la vereda señalada por el destino. Caminó toda la mañana mientras el sol se ponía tras las montañas.

Una hermosa llanura con varios tonos de verde cautivó a Vanessa. Se instaló bajo un gran encino que le ofreció su sombra y cobijo. Con la fuerza de sus manos, inició la construcción de una hermosa cabaña de piedra, barro y madera.

Cada mañana, sentada bajo su ventana, confeccionaba con amor los gatos de trapo que llevaría a la venta en el mercado del pueblo.

La mañana de mercado, Vane y sus siete gatos guardianes eran recibidos con entusiasmo por compradoras que encargaban sus piezas. Su silencio y su sombrero rojo despertaban curiosidad y misterio entre los habitantes.

Nadie sabía que Vane era una bruja bondadosa: en medio de su huerto de girasoles, guardaba un círculo sagrado delimitado con piedras donde colocaba sus gatos de trapo en cada noche de luna llena.

Bajo la luna llena, los girasoles se abrían mágicamente y los rayos lunares bañaban los muñecos. Vanessa, en éxtasis, dejaba fluir su cabellera naranja como si danzara con el viento en una noche de absoluta quietud.

La luz de la luna consagraba cada gato de trapo con energía pura antes de que Vanessa los guardara en su cesto al amanecer.

¿Por qué eran tan apreciados esos gatos? Porque brindaban a los niños sueños maravillosos llenos de amor y risas. Evitaban cualquier pesadilla y propiciaban un descanso reparador y alegre.

Las madres en la puerta de la escuela comentaban maravilladas cómo sus hijos dormían en paz profunda: ¡los gatos de trapo de Vanessa eran auténtica magia de amor!

Vanessa partió hacia el horizonte un día sin avisar, pero dejó tras de sí un legado eterno en el corazón del pueblo. Sus gatos de trapo siguen cuidando el sueño de quienes necesitan serenidad.

Si pones un gato de trapo bajo tu almohada y cierras los ojos, escucharás un suave ronroneo protector. Vanessa se fundió con la tierra, una guardiana invisible que sigue hilvanando paz y cuidando el descanso de la infancia.

Ficha Técnica de la Obra

La bruja de los gatos

Elba Hernández Díaz

Técnica:Óleo sobre tela
Dimensión:200 x 100 cm.
Año:2013
Desliza
Vanessa, la bruja de los gatos Primer gato guardián Segundo gato guardián Tercer gato guardián Cuarto gato guardián Quinto gato guardián Sexto gato guardián Séptimo gato guardián La bruja de los gatos completa
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